
BENE MORI. Se habla en lenguaje ancestral de "muerte bonita" desde las voces mayores cuando es posible conocer el acto vital final en paz en el ciclo de alguien que ha logrado exhalar el último suspiro en su propio lecho. Nada más tranquilo y plácido que la cama propia que se añora a la segunda, tercera noche en habitación extraña así sea cien estrellas.
Ha sido posible participar en la despedida de la tercera abuela de Felipe, quien la descubrió antes de sumar su tercer año de vida para entonces en rogativa por la salud de su joven madre, lo mejor para él desde siempre. "Me encontré una abuela Oliva", le contó a la mamá cuando se volvieron a reunir en una de las visitas de la generosa abuela que siempre lo preguntó en cada encuentro durante las siguientes tres décadas. Es posible que haya sido su primer nieto antes de los nietos biológicos que disfrutó. Otro nieto adoptivo, un segundo Felipe fue parte de la familia a su lado en su tiempo final. Los dos ayudaron a portar el féretro en su funeral en junio 27 de 2023.
Enseñó la dignidad del silencio y el silencio de la dignidad cuando es posible vivir en grandeza. Siempre observadora de todo en su entorno como si disfrutara del estoicismo por disciplina vital. Dueña de su voluntad llegó a su hora de la manera como cuenta el relato sobre la hora de la todopoderosa Reina Isabel de Inglaterra en su partida después de vivir el reinado más largo en aquel trono. En común las dos, los años sumados en vida y el morir más natural posible en su cama propia, la mejor. La distancia absoluta, la sobriedad y discreción en la formalidad de nuestra matriarca próxima, que tantas lecciones entregó con su dignidad y acogida a la familia materna de Felipe, el nieto mayor de la simpatía y amistad compartida durante la trayectoria vital del joven.
Es posible apreciar con esperanza el bien morir digno en el testimonio ejemplar de la Abuela Oliva de sus nietos. Doña Oliva, la Señora Oliva para quienes nos aproximamos a ella por la cercanía con su hijo Luis Alberto, padrino de Felipe. En la ética guerrera de los vikingos, gente con el color de piel de nuestra querida amiga, se habló siempre de saber esperar la muerte con una sonrisa, pues vivían para el combate.
Valioso es aprender frente al estado natural inexorable que nos incluye a todos, no discrimina y cumple la igualdad rotunda en la naturaleza humana, que llegar hasta esta realidad debe ser con total dignidad y paz natural como hemos aprendido en el proceso de quien como Oliva Sabogal legó para sus otros, sus prójimos y sus menores, toda la enseñanza del buen vivir en sobriedad y dignidad armónica hasta el último acto vital "bene mori", buen morir. Gratitud por permitir aprender en familia.
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